En 1841, un misionero baptista inglés, llamado Thomas Cook, "organizó" para un grupo de 570 vacacionistas una "excursión" en tren desde Leicester hasta Loughborough, convirtiéndose muy pronto en el primer "Agente de Viajes" sentando así las bases del turismo moderno. La innovación del "Paquete Vacacional", que incluye alojamiento, transporte, guiatura y alimentación por un solo precio, contribuiría notablemente a la masificación del turismo.
La expansión de las vías férreas por Inglaterra permitieron que a partir de 1844 miles de pasajeros se trasladaran a las playas durante el asueto de la Pascua. En 1862, el balneario de Brighton recibió 132.000 visitantes en un solo día de la Pascua. Gracias al tren, la Gran Exhibición celebrada en Londres en 1851 atrajo a unos tres millones de "turistas". El éxito de Thomas Cook se basó en el hecho de escoltar a sus clientes durante el viaje y atender los más mínimos detalles. Gracias a sus relaciones con los hoteles y las compañías navieras y ferroviarias, podía garantizar un buen servicio al menor precio. Fué el primero en introducir en 1867 la innovación del "Voucher de hotel" y en 1873 la "nota circular" que fué el precursor del "cheque de viajero" y cuyo fin era sortear las dificultades existentes entonces para el cambio de moneda.
Para el pasajero adinerado ó aristócrata surge el servicio de tren de lujo como el "Blue Train" que desde 1883 cubrió la ruta entre París, la Costa Azul y Roma. Otra ruta célebre para turistas acaudalados fué el legendario "Orient Express" desde París hasta el Mar Negro. Los viajes de larga distancia por tren se hicieron posibles gracias al invento realizado por un norteamericano en 1864: el vagón para pernocta. Con el desarrollo de la aviación comercial quedará atrás el turismo "enciclopédico" cuyo símbolo más representativo lo constituían los lujosos buques trasatlánticos como el tristemente célebre “Titanic”. Hasta principios de este siglo, "viajar por placer" era un lujo que solo podía permitirse una élite que se alojaba en el Savoy de Londres ó en el Ritz de París. Este turista aristocrático ó acaudalado era atendido por un personal "almidonado" de acuerdo a las pedantes normas de un riguroso y distante
protocolo. Los Guías por ejemplo, eran maestros ó artistas autodidactas que atiborraban de datos y fechas a su encopetada audiencia en una incontenible cátedra de efectos soporíferos. Todavía eran muy pocos los paises que contaban con una infraestructura receptora aceptable y en algunos casos, salir de la capital constituía un verdadero riesgo debido a la inseguridad y a la precariedad de los servicios públicos.

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