El ejemplo más remoto en la historia del desplazamiento humano pacífico y organizado tuvo una motivación religiosa. En los templo
s de antiguas civilizaciones se celebraban ceremonias que congregaban al pueblo para adorar a sus dioses. Una vez concluidas estas festividades los peregrinos retornaban a sus hogares.
s de antiguas civilizaciones se celebraban ceremonias que congregaban al pueblo para adorar a sus dioses. Una vez concluidas estas festividades los peregrinos retornaban a sus hogares.
El ancestral culto monoteísta de alabanza a Yahvé-Adonai en el Templo de Jerusalén atraía a multitudes de peregrinos y es quizás el caso más antíguo que podamos identificar como muestra de un incipiente Turismo Receptivo. Tres veces cada año, cumpliendo el mandamiento bíblico, el pueblo de Israel hacía los preparativos para emprender el a veces árduo camino hacia la Ciudad de David y Salomón desde todos los confines del mundo antíguo. La travesía se hacía a pié ó en bestia después de hacerse con suficientes provisiones. Con frecuencia era preciso incorporarse a una caravana de mercaderes con sus bestias. Esta forma de viajar ofrecía cierta seguridad contra forajidos y fieras pues contaba con una escolta y "guías". La transitabilidad de los caminos la imponía la topografía del terreno y la jornada de viaje se hacía de una fuente de agua a la otra. Acostumbraban acampar a la vera del camino en las proximidades de algún pozo, manantial ó exótico oasis ó en algún albergue como la posada que se menciona en la Parábola del Buen Samaritano en el Desierto de Judea. Una vez en Jerusalén, los que no tenían familiares ó amigos tenían que pagar por su alojamiento y por sus alimentos. Las posadas de los tiempos bíblicos ofrecían apenas un poco más que una sencilla cama en el rincón de un cuarto colectivo ó del establo sin ningun tipo de higiene ó privacidad. Con frecuencia los viajeros compartían el cuarto con los animales. Algunos nativos jerosolimitanos hablaban, además del hebreo que era su lengua madre, el arameo, el latín y el griego y servían así de “intérpretes” a sus correligionarios provenientes de lejanas tierras paganas. Hasta requerían del servicio de "cambio de moneda" para poder hacer sus donaciones al Templo de Dios en moneda local acuñada sin imágenes.
En el Evangelio de San Lucas, Capítulo 2, vemos cómo la Sagrada Familia participaba asiduamente en estas peregrinaciones "viajando" desde Nazareth, al norte, hasta Judea siguiendo el curso del río Jordán hasta el fértil oasis de Jericó, una de las encrucijadas de caminos más célebres del mundo antíguo. Ahí se ofrecían servicios de aprovisionamiento y reposo al viajero..."Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua (Pesaj, que conmemora la salida de Egipto a la Tierra Prometida conducidos por Moisés). "Cuando tuvo doce años peregrinaron ellos como de costumbre a la fiesta y al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén...". Posadas como la mencionada en la Bíblia durante el nacimiento de Jesús en Belén, formaban parte de una rudimentaria "cadena" de alojamiento diseminada por los caminos reales de Egipto, Judea y Siria para satisfacer la demanda de refugio y aprovisionamiento de los mercaderes y funcionarios con sus bestias. Esta forma primitiva de viajar reunía ,aunque en forma precaria, los elementos básicos de alojamiento, transporte, alimentación y guiatura que conforman el turismo moderno.

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